El Neolítico y más que nada de un aspecto suyo, la revolución de los metales. Hace 5.000 años, llegaban a la península Ibérica los primeros impulsos provenientes desde oriente y que se extendieron por toda Europa, beneficiándose de esta revolución Neolítica que podemos apreciar hoy tan detenidamente en cada vestigio existente.
Entre otras cosas aparecen la cerámica, la agricultura, la domesticación de animales
y un sinfín de cosillas más que permitieron al hombre asentarse en un
territorio pero sobre todo, permitiendo la aparición de núcleos de
población estables. Pero ya en el 3.000 a.C. se percibe la mayor
revolución en este sentido, con la llegada del metal.
Los avances técnicos surgidos de los metales permitieron afincarse aún
más al ser humano en un lugar, quedando sedentarios definitivamente
podríamos decir, ya que se comenzaron a
crear diferentes instrumentos y herramientas como ser armas en metales como el cobre.
Pero además comenzó la producción de otros utensilios
con un fin más decorativo, construidos íntegramente en plata u oro,
dando paso así al progreso y la evolución, es decir, a la revolución de
los metales.
¿Por qué influye el metal en la vida de estos hombres? Pues porque comienzan a percibirse trabajos mucho más elaborados que antes, por ejemplo en piedra. Así nace la cultura megalítica en la península, siendo generalmente de carácter sepulcral con grandes piedras y coincidiendo con la aparición del cobre en la región, entre otros metales.
Influye además porque permitió la creación de herramientas mucho más útiles para el hombre y su trabajo, como puede ser la reja de arado en agricultura. Significó, para todos por igual, una sofisticación de sus labores diarias y además funcionó como un elemento decorativo.
Decoración que vemos sobre todo en las armas, símbolo de prestigio entre estos hombres y que connotaban o dejaban ver el poder. Muy común era ver espadas, de quienes se suponen eran los líderes de los poblados, decoradas con plata y oro de una forma muy extravagante para lo que era la época claro está.
En este período es donde debemos ubicar dos culturas bien definidas. Por un lado, la Cultura de los Millares, donde surge en cerámica el famoso vaso campaniforme, como también se hace asidua la ganadería y agricultura.
Pero la Cultura del Argar es el punto máxime puesto
que los avances en agricultura, con la aparición entre otros, del
regadío y un crecimiento acelerado de los poblados, nos han dejado ver
aquí los indicios de las primeras “ciudades” propiamente dichas.
Así es que se ha sucedido, a groso modo, la revolución de los metales, una de las más importantes de la historia del hombre y que ha modificado la vida del ser humano en la Tierra, evolucionando de una forma muy acelerada
No hay comentarios:
Publicar un comentario